martes, 5 de agosto de 2008

Reivindicación del juego

Ante una realidad asfixiante y cegadora, una de las opciones y alternativas que nos queda es la del juego.

Experimentar el juego y el placer. Pero un juego que no sea producto de la mercantilización y de la lógica capitalista. Un juego que nazca de nuestros más profundos y sinceros sentimientos. Del odio hacia todo este mundo de cemento, y del amor hacia la vida y la total libertad. Ese es el único juego aceptable, el único juego que podrá etiquetarse como tal, el único juego capaz de crear en nosotros un placer sincero y liberador.

Pudiera ser que creyeses que es imposible jugar si todavía nos has roto con tus condiciones de esclavitud, y pudiera ser que yo te pudiera dar la razón. Pero también te puedo decir que el juego y su consecuente placer es un arma contra esas condiciones de esclavitud y agonía. El juego es capaz de romper con la rutina mortífera y asesina. El juego es poderoso. Y el juego puede aniquilar las cadenas.

Porque, además, el juego del que hablo, si se practica, va acompañado, inevitablemente, de una destrucción de aquello que nos convierte en esclavos y en muertos estresados que no paran de mirar el reloj.

Para poner en practica este juego subversivo, anárquico, anarquizante, caótico, liberador y placentero, lo que tenemos que hacer es usar nuestra imaginación y guiarnos por nuestros más profundos deseos y ganas de destrucción del actual Sistema que nos reduce a meros objetos en medio de un mercado interminable e insaciable, y guiarnos también por nuestros profundos deseos y ganas de libertad, de vida. De anarquía.

El actual sistema mercantil y esclavizante ahoga nuestros instintos, ahoga nuestra capacidad de independencia, ahoga todo aquello que pudieramos expulsar y que no estuviera contaminado por la civilización y por los esquemas cosificadores actuales. La civilización lo ha ocupado todo, lo ocupa todo y continúa con su ritmo genocida. La civilización ha aniquilado y sigue aniquilando toda huella de vida. La civilización ha convertido todo en recursos, en objetos, en mercancía; ha logrado que todo puede ser introducido en el mercado, en la compra-venta. Gracias a la civilización nuestras vidas se han visto reducidas a un ritmo absurdo, frenético, rutinario y asfixiante, somos esclavos, hacinados en cubículos de cemento y ladrillos, atados a un trabajo, a un sueldo, a la familia, a las obligaciones, al consumo, al ocio, atados a nuestros miedos y frustraciones. Nos vemos atrapados en un cárcel con una pantalla gigante que emite imágenes y sonidos que nos repiten una y otra vez que somos felices, que continuemos como estamos, que tal como estamos somos libres, imágenes y sonidos que escupen un eco interminable que no para de decir que somos libres y felices, que continuemos produciendo y consumiendo. Producir y consumir. En eso consiste nuestra existencia.
Contra esta situación que expulsa un humo negro, omnipotente y omniprensente, que produce que estemos continuamente soltando estertores, una de las armas que podemos y tenemos que empuñar y usar sin freno es el juego. Con nuestros amigos. Con nuestra gente. Junto aquellas personas con las cuales compartamos un unión fuerte, de amor y fidelidad, una unión que se basa y se sostiene por y sobre una serie de puntos comunes y fundamentales que conforma aquello que llamamos amistad.

Ese juego que es capaz de producir en nosotros un placer que no esté infectado por, como dije antes, la lógica mercantil y capitalista. La lógica de la compra-venta, del producir-consumir. Ese juego que mientras lo realizamos y una vez realizado, nos hace sentir libres, liberados, felices. Ese es el juego del que hablo.

No digo que sea fácil ponerlo en práctica en medio de un ambiente de artificialidad y esclavitud. No digo que sea fácil ponerlo en práctica en medio de un ambiente que golpea nuestras cabezas y corazones, en medio de un ambiente de locura, en un ambiente que, tal vez, constantemente, creemos que nos va a hacer enloquecer a nosotros también. No digo que sea fácil. Pero es que el hecho de que no lo sea no invalida su puesta en práctica. Todo lo contrario. La realización del juego anárquico es toda una aventura, que aunque en medio de todo este ambiente de muerte pueda parecer muy difícil de llevar a cabo, es toda un experiencia capaz de agrietar y hacer caer los esquemas de esclavitud que ya mencioné.

Debemos tenerlo claro. Nosotros somos bichos raros, bichos, animales, animales que quieren huir y destruir su estado de domesticación. Nosotros queremos arruinar este sistema que todo lo mercantiliza y cosifica. Nosotros no aguantamos ser esclavos. Nuestras ganas de libertad pueden, sí, pueden con todo eso que nos intenta convencer día a día que siendo esclavos somos libres y felices. Nosotros, en medio de todo esta realidad de cemento y dinero, debemos extender el caos. El juego. El placer. Debemos, tenemos que jugar. Usar la imaginación que también día a día nos intentan atrofiar. Usar aquello que esté a nuestro alcance.

Animales deseosos de huir de la domesticación, con sus sonrisas convetidas en cuchillos campando a sus anchas por la ciudad, por el asfalto, por las calles, corriendo, jugando, contaminado ese ambiente contaminado, contaminándolo con la semilla del caos, con la semilla de las irrefrenables ganas de vivir.

Animales salvajes que mediante el juego recuperan sus vidas. Rompen sus cadenas. Y destruyen una realidad asfixiante que ha condenado todo a su lógica mercantil y de muerte.

Animales salvajes que recuperan sus vidas. Que juegan. Y nunca paran de jugar. De destruir el sistema.

Animales salvajes que recuperan sus vidas. Que propagan el caos y la anarquía. El juego.


Seamos animales salvajes. Animales salvajes que recuperan sus vidas.
Que juegan. Y que nunca paran de jugar. Y de vivir. Y de destruir el sistema.

1 comentario:

Josemi dijo...

El juego es bonito, sí, y necesario, es propio de las crías de mamíferos. Se encuentran dos gatitos con un ratón o un trozo de tela y empiezan a jugar, a aprender a cazar y prepararse para valerse por si solos.

Hay juegos donde se aprende, entretienen, que versan sobre los enigmas que tiene el niñx sobre la física del mundo que le rodea y juguetes militaristas -que no recomiendo-, juegos alienantes de pasarse horas frente a un ordenador. Juegos donde el propio niñx fabrica su juguete, que suelen se amenos y formadores. Mis hijas no juegan con muñecas, un alma oscura les ha robado el juego, y desde aquí le juro la muerte y acabar con su estirpe.